Descubriendo la vocación de los MBA

¿Cuál es la importancia fundamental hoy en día de estudiar un MBA?

Las siglas del MBA resumen de una manera interesante el ser un maestro en administración. Ser un maestro implica un desarrollo permanente, no existe un maestro de ajedrez o de cualquier otra actividad que no se actualice permanentemente. Gestionar o dirigir un negocio o una organización en cualquier parte del mundo es una actividad dinámica. ¿Por qué? Porque tienen personas adelante y detrás. Adelante porque atendemos necesidades reales, detrás porque existen personas que buscan atender esas necesidades, todo esto cambia de manera constante, lo que demanda un estudio permanente. Quienes no han hecho una maestría en administración de negocios la deben hacer por esta sencilla razón: tienen que buscar el estado del arte en lo que es su actividad y eso lo consiguen con la ciencia y la experiencia, no basta la ciencia ni la experiencia, es esta combinación la que a uno lo hace maestro.

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El otro tema que me parece muy importante es que incluso algunas personas se están planteando volver a estudiar la maestría porque se han dado cuenta de que hay un conjunto de conocimientos, experiencias y herramientas cuya dimensión ha cambiado a lo largo del tiempo. Por ello quieren ponerse al día en relación con lo que estudiaron quince o veinte años atrás.

¿Qué tipo de MBA deberían buscar estas personas? Porque, si comparten el aula con profesionales jóvenes con apenas cuatro o cinco     años     de experiencia, ¿qué podrán aprender en el trabajo de equipo?, ¿qué tipo de programa es el mejor para personas que ya tienen un conocimiento?

No solamente conocimiento, sino una base teórica-conceptual ya adquirida. La pregunta es relevante porque, en la medida que uno no va haciendo propuestas de valor basadas en necesidades, lo que tiene son commodities. Referirse a un MBA es tratar de una categoría muy amplia, es como hablar de alimentos, como cuando uno dice: «El niño de 10 años come lo mismo que el señor de 40», son alimentos, pero se diferencian. Yo creo que por ahí se debe enfocar el tema. El alimento que adquiere alguien para reforzar su estado del arte –ya que uno nunca llega a ser maestro, uno persigue serlo, porque todo esto es muy dinámico–, debe ser atendido por distintas propuestas de valor. Los masters son un error si se hacen en una sola plantilla y se pretende que esa única plantilla se adapte a todos.

En el PAD hemos entendido eso y realizamos segmentaciones bastante más finas. Nuestro modelo que se enfoca en la dirección nos permite leer rápidamente que existen distintas necesidades. Por ello, una persona con veinte años de experiencia directiva, inclusive con el máster, tiene carencias que debe llenar, pero de una manera distinta a la de un joven de 30 años con cinco años de experiencia. Ambos quieren estudiar un MBA, pero las propuestas de valor tienen que ser distintas porque son segmentos distintos. Dentro de una categoría hay

segmentos diferentes, por eso cada uno de ellos debe buscar propuestas de valor diferentes, estas no pueden ser las mismas.

 Me imagino que los cursos de cada uno de estos programas son distintos, ¿o solo es la forma en la cual «aterrizan» estos conceptos?

 El currículo, los horarios, los profesores, los contenidos y hasta la forma de tomar exámenes cambia, ¿cómo se puede evaluar a un senior igual que a un joven? Su misma naturaleza tiene que cambiar porque, justamente, es una propuesta de valor completamente distinta, hasta en el ambiente y los horarios.

 Por ejemplo, si alguien que necesita un MBA está consciente de que quiere perfeccionarse y le dicen que va a tener clases los sábados, lo primero que va a decir es: «Te agradezco, pero en este ciclo de mi vida el sábado es para mi familia y para mí». Esa etapa ya la pasó hace varios años, ese sacrificio ya lo hizo y no está dispuesto a repetirlo, ni él ni su familia. Mientras que un joven te dice: «Yo sacrifico hasta el domingo si quieres». Hasta eso se debe comprender, de allí la importancia de saber identificar claramente las necesidades de cada segmento.

 Al margen de las características de cada programa, por aquellas del propio alumno, ¿qué debe formar un MBA?, ¿gerentes o directivos?

 Una de las cosas que debería ser común en el sueño de muchas instituciones académicas es poder formar personas que puedan ser autónomas, o sean reyes de sí mismos, indistintamente de si quieren ser directivos o funcionarios, lo primero es que deben ser dueños de sí mismos. Lo que significa que se trata de una persona que entiende de antropología, psicología y humanidades, para que cuando ejerza cualquier tarea en la organización lo haga con ese señorío que te da ser dueño de ti mismo. Con esa autonomía, esa seguridad que –desde el punto de vista antropológico– es la dignidad del ser humano.

 Además, se debe considerar el temperamento. Tenemos que ser capaces de reconocer que hay personas que son funcionarios extraordinarios y no tienen el temperamento para ser directivos, como también hay directivos que son extraordinarios y no tienen el temperamento para ser empresarios. Entonces uno dice: «Tenemos que formar empresarios, formar directivos», ¿y dónde queda el temperamento de la persona? Esto es importante, ya que si ese es nuestro componente genético, pues 60 % de nuestra conducta viene del temperamento que es genético, se debe considerar ese aspecto del carácter. Por eso creo que es importantísimo reconocer la naturaleza de cada persona y hacia dónde se orienta, cuál es su potencial. Pero tanto el directivo como el funcionario son necesarios en la organización.

 Totalmente complementarios el uno del otro…

 Absolutamente, se necesitan, pero hay que ayudar a los candidatos a los programas de MBA a encontrar algo que considero muy importante: su vocación. Uno de los problemas de las escuelas de negocios es que tal vez no se están dando el tiempo de ayudar a que candidatos y participantes busquen a través del MBA hacer realidad su vocación y no su pasión. La diferencia es que la pasión tiene un carácter emotivo y es de corto plazo, cuando algo ya no apetece la pasión desaparece. Los jóvenes y los funcionarios tienen que descubrir cuál es su vocación y a través del programa de MBA debemos ayudarlos a que cumplan su vocación. Si su vocación es ser funcionario, o emprendedor, o tal vez directivo, yo como institución lo tengo que ayudar.

 Por otro lado, pienso que un tema fundamental que debemos agregar a lo anterior es que el programa de MBA no da luces, sino que es el mejor camino que ayudará a que uno encuentre su luz. La institución académica que considere que su programa de MBA está diseñado para darles luz a sus participantes está cometiendo un acto de soberbia y, además, un acto injusto porque quien tiene que lograr su plenitud, su vocación y su luz es el participante.

 El programa debe ayudar a que el participante se descubra…

 Se redescubra. El ser humano se redescubre, pero siempre dentro de un patrón común que es su vocación. Si tú ves a alguien que participa en una junta directiva, en la parroquia o siempre que hay un evento ayuda y facilita y está detrás de cámaras, ese es un líder enorme, extraordinario. Este es un tema difícil porque quien verdaderamente no tiene vocación de servicio, carece de desprendimiento y cree que es el centro del mundo va a sufrir y, como reflejo, existe el drama de hogares de funcionarios que aparentemente son muy eficaces para las empresas pero viven con familias destruidas porque aplastaron su vocación con su pasión. ¿Cuál fue su pasión? Ser directivo, y no lo ayudamos a encontrar su vocación, y es más importante para el mundo que encuentre su vocación porque es ahí donde va a alcanzar su plenitud.

 De acuerdo con su experiencia y vinculación con directivos, ¿qué están buscando ahora las empresas? ¿Cuál es la tendencia? ¿Buscan gente con pasión o gente con vocación? ¿Hacia dónde van las empresas?

Con respecto de este tema de vocación y pasión, todavía las empresas ni siquiera se lo han planteado. En el PAD, que entendemos este problema, nos corresponde transmitir la duda para que los empresarios se planteen esta inquietud. Pero, por desconocimiento, creo que las empresas buscan que la gente tenga su pasión. Creen que el camino parte de la pasión y es ahí donde pienso que pueden tener un error de entendimient o porque las instituciones académicas no les hemos dado más información.

 Pienso que la dinámica de la economía peruana, como ha sido y es tan vertiginosa, no les ha dado el tiempo para reflexionar sobre estos temas tan importantes. Ahora que vamos a tener un remanso en esta velocidad, vamos a pensar sobre temas como estos. La gente ya se cansó de estar arrebatando talento de un lado a otro solo con dinero. Ya se hartó de sentir que no puede entregarse, y cuando digo entregarse me refiero a donarse y donarse es dar, no solamente una oportunidad de crecimiento profesional y personal, y de compartir situaciones que vayan más allá de cuánto has vendido. Yo sí siento que existe una corriente en la nueva generación que es una característica importante. Las empresas están en un recambio generacional. Observemos los grupos económicos peruanos y encontraremos un recambio generacional el cual viene con la mente mucho más abierta, son mucho más sensibles a estos temas.

Antes de esta entrevista estuve con un empresario muy importante que se estaba planteando estudiar un máster, tiene cuatro hijos y me dice: «Me estoy planteando hacer un máster», y yo le digo: «Claro». Dar ese salto cualitativo en su vida para los siguientes diez años es importante, profundizar con la autoexigencia del máster es bueno, pero con uno adecuado para él. Yo sí creo que hay una sensibilidad, creo que la realidad nos está golpeando tanto que nos está haciendo ver que los métodos tradicionales de liderazgo y coaching ya llegaron a su límite, hasta el modelo de negocio está agotado.

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